I'm the man who you can read

Karma

El Karma en Chile funciona al revés: quien más trabaja, menos tiene; quién menos lo merece, más posee.

Parece de ficción

Si me dicen que hay un libro llamado Sociedad en donde su protagonista debe trabajar 10 horas diarias en pésimas condiciones, realizando una actividad monótona y mecánica que ocupa gran esfuerzo físico, bajo la presión de ser reemplazado por cualquier otro, y que el dinero que obtiene por ello apenas alcanza para alimentar y vestir a su familia, pero no para pagar la salud ni la educación de ésta, mientras el antagonista, producto de los beneficios que le trae el trabajo del protagonista y sus compañeros, alimenta, viste, da salud y educación a su familia, y además se da lujos como viajar por el mundo, tener tres autos, dos casas y un montón de otras cosas innecesarias, diré que es un libro de terror y que pudo ser escrito por Edgar Allan Poe, Stephen King o cualquier otro rey del género.

”[…] El futuro es nuestro, por prepotencia de trabajo. Crearemos nuestra literatura, no conversando continuamente de literatura, sino escribiendo en orgullosa soledad libros que encierran la violencia de un “cross” a la mandíbula. Sí, un libro tras otro, y “que los eunucos bufen”.

El porvenir es triunfalmente nuestro.

Nos lo hemos ganado con sudor de tinta y rechinar de dientes, frente a la “Underwood”, que golpeamos con manos fatigadas, hora tras hora, hora tras hora. A veces se le caía a uno la cabeza de fatiga, pero…. Mientras escribo estas líneas pienso en mi próxima novela. Se titulará El Amor brujo y aparecerá en agosto del año 1932.
Y que el futuro diga.”

Roberto Arlt, prólogo a Los Lanzallamas (1931)

“Los chicos de la calle, me piden que me explaye
Que visite sus valles, no quieren que me calle”

-Chorizo Salvaje, Bailemos Cumbia.

“No me acuerdo de haber vivido en otro sitio; los que dicen que me conocieron deben de equivocarse. Pero no, hasta añaden que me creían muerto.”

André Breton, Déjenlo todo.

“Hemos nacido en el Perú, país latinoamericano, subdesarrollado, hemos encontrado ágiles ruinas, valores enclenques, una incertidumbre fabulosa y la mierda extendiéndose vertiginosamente.” - Fragmento de Palabras Urgentes, manifiesto del movimiento Hora Zero.

Fue un cliente quien logró diagnosticarme correctamente. Después de tres conversaciones ya conocía mi padecimiento. En ellas hablamos de Adolfo Bioy Casares, con quien comenzamos, de Borges, como era inevitable seguir, de Bolaño, de Arlt, de Cortázar, otra secuencia obligatoria: Borges, Arlt y Cortázar, y Bolaño, ineludible. Hablamos también de Piglia, de Phillip Roth, según él, lo mejor que Estados Unidos tiene en este momento, de Vila-Matas, a quien entonces yo no había leído. Hablamos de libros: Los detectives salvajes, Entre paréntesis (aquí busqué el poema de Arquíloco a la vez que le enseñaba unas palabras de Juan García Madero, cincuenta páginas antes de concluir el libro), Estrella distante, Monsieur Pain, los últimos dos los leí en la Biblioteca Viva. Hablamos de traductores: de Cortázar, los de Cátedra, los de Random House Mondadori, los de Lumen. De buenos traductores pero que traducen en coño: Jordi Fibla. No sé me ocurrió otro (¿el de Un grito de amor desde el centro del mundo, editorial Alfaguara? ¿pero cuál es su traductor?). Hablamos de literatura alemana después de hablar de 2666. Ninguno de los dos sabía mucho, por no decir que los dos sabíamos nada. Me habló de su hija de dieciséis que sí sabía de literatura alemana. Son su favoritos, me dijo, pero me explicó que no había querido leer Rayuela a pesar de ser una buena lectora desde los once años. No sé preocupe, le dije para reconfortarlo, ya lo tomará ella sola. No sé qué pinte Rayuela con los escritores alemanes. A lo mejor hay algo de lo que no me he percatado, aunque lo más probable es que me haya querido dar a entender que su hija, a pesar de ser una buena lectora desde los once años, sigue siendo una niña. La última vez que hablamos, poco antes de finalizar la conversación, me preguntó:

-¿Has leído El mal de Montano? Creo que te sentirías identificado.
-No, no lo he leído. Pero justamente es el libro de Vila-Matas que tengo en bodega a la espera de que me paguen. ¿De qué va? -aunque puede que le haya dicho ¿de qué trata?, uso una u otra forma indistintamente-.
-De un padre o un hijo, no recuerdo, que está enfermo de literatura.

Con eso me lo dijo todo. Supe que tal vez no era médico, pero que tenía buen ojo y que podría haber sido uno, como seguramente debió ser el maestro de Sir Arthur Conan Doyle.